Perdonar; el poder del perdón · BVG Psicologia
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Perdonar; el poder del perdón

Perdonar; el poder del perdón

Perdonar como expresión de dejar ir por una falta es una acción beneficiosa para el bienestar, sitúa a quienes lo practican en un nivel mayor de paz personal.

Con el perdón manifestamos sentimientos complicados, que comunicamos a los otros de acuerdo con lo normativo en las relaciones sociales, a veces el perdón es sincero y en otros casos como formato de convección social.

 

El poder del perdón

El perdón tiene mucho mas poder del que creemos, es una condición necesaria para continuar, para no quedar atado a aquello que nos produjo sufrimiento, es indispensable para ser libres de esa ofensa a la que se refiere. Este perdón puede ir acompañado del olvido de la experiencia o del mantenimiento del recuerdo, pero no un recuerdo reiterado aparece cada día y se sigue alimentando del enfado que genera.

Perdonar sinceramente no es fácil, dejar ir y llenar ese estado por amor y paz es un ejercicio de generosidad que no forma parte de nuestra educación.

Dentro del perdón, poder tener la capacidad de perdonarse a sí mismo es también una tarea complicada en muchas personas. En ambos casos, la mirada compasiva y cálida hacia el error como parte de la vida es el paso previo para alcanzar cierto grado de bienestar emocional.

 

El perdón como liberador

Lo primero que tenemos que saber es que el error forma parte de nuestra vida y del aprendizaje, que es una herramienta para continuar avanzando, es inherente a la naturaleza de las personas, la psicología resalta el valor humano del perdón como liberador. El perdón, el olvido, pasar página de un error suponen elementos necesarios para restablecer la confianza en la vida.

El objetivo fundamental del perdón es sentirnos capaces de continuar avanzando en nuestro proceso personal aceptándonos como somos, y aceptando al otro.

 

Beneficios del perdón

Perdonar ayuda a:

-Superar estados de victimización,

-Beneficia la expresión de las emociones,

-Mayor grado de comprensión,

-Enriquecimiento personal,

-Mejora la autoestima,

-Sentir alivio por la carga emocional de culpa o dolor,

-…

El mecanismo del perdón tiene como ingredientes la capacidad de compasión para disculpar los errores propios y ajenos. Necesitamos comprender y aceptar las manifestaciones de nuestro sufrimiento, de nuestros errores y del sufrimiento y los errores de los otros. Entrenar una actitud positiva para tener una mirada comprensiva ante posiciones condenatorias es el camino que nos lleva a ser plenos.

 

El perdón es una decisión

La decisión de perdonar implica sentimientos, y una actitud voluntaria imprescindible para liberarnos de rencores y darnos paz. La mayoría de las situaciones que nos dañan nos duele en relación a nuestro ego, haciendo una interpretación de lo que ocurre en el exterior, de cómo percibimos la realidad y sintiendo que la connotación negativa que le damos está directamente relacionada con nosotros.

 

Para avanzar en la necesidad de superación y la búsqueda de equilibrio necesitamos incorporar la capacidad de perdonar, es vital desarrollar pautas de conductas encaminadas a la aceptación evitando alimentar el ego, neutralizando las situaciones de la vida para que nuestros fantasmas interiores no se nutran de las señales exteriores que quieren buscar para confirmar su existencia.

No obstante hay circunstancias en las que nos preguntamos hasta qué punto nos sentimos a gusto no solo con los demás, sino también con nosotros mismos. Perdonarse y amarse se combinan en el proceso de crecimiento moral y creativo. El perdón penetra en nuestra vida a través de la práctica, revitalizando nuestra esencia y nuestra bondad, nos hace más flexible al entendimiento y nos prepara para el ejercicio de la comprensión sin juzgar, para aceptar antes que rechazar.

 

Perdonar a otros

La flexibilidad cognitiva esta muy relacionada con la capacidad de perdonar a otros: nuestra capacidad para ampliar miras y valorar diferentes posibilidades. Se trata de hacer un ejercicio de múltiples opciones sin aferrarse a una versión porque es con la que más nos sentimos identificados. Nos olvidamos de que una misma experiencia se puede vivir y percibir desde distintos ángulos y no tenemos en cuenta que nosotros mismos hemos podido cometer errores similares en el pasado.

Para controlar el enfado con el otro y contribuir a la paz tenemos que empatizar y ver qué pudo impulsar al otro en su acción. El hecho ya no es corregible pero las personas necesitamos hablar de ello y compartirlo con otras personas. Poder hablarlo con la persona en cuestión nos da la oportunidad de ver su postura, sus inquietudes, su forma de entender para llevarnos a poder tener una mirada de humanidad en el otro.

“Al expresar lo que a uno le hirió, le damos la oportunidad al otro de darse cuenta de la implicación de sus acciones para en adelante ser más cuidadoso”

 

Perdonarse a sí mismo

Perdonarse a sí mismo es parte fundamental en este proceso, pues necesitamos tener una experiencia personal para poder dar esa experiencia al otro. La alta autoexigencia, ser crítico, demasiado estricto y recto hacia uno mismo en su diálogo interior es una fuente de malestar. Manejar la frustración ante las experiencias de fracaso y error es el camino para el perdón propio, el entendimiento y una convivencia sana con uno mismo.

Para este perdonarse a uno mismo tenemos que incorporar el error como parte del aprendizaje y como una enseñanza, para continuar avanzando.

 

Flexibilidad psicológica

La flexibilidad psicológica nos permite expandir nuestra forma de pensar y adaptarnos al presente y sus resultados para crecer en la dinámica de la vida y no bloquearnos con lo que debería ser y no es.

 

Perdonarse a uno mismo cuando le hemos hecho daño a alguien; es habitual que no  seamos conscientes de las consecuencias de nuestro comportamiento hasta que ha pasado un tiempo. Se cometen fallos sin la intención de hacer daño a otros o a nosotros mismos. En estos casos, es importante ser comprensivo entendiendo que en su día no anticipamos acertadamente las consecuencias de nuestras acciones. Lo que nos queda entonces es ver dónde fallamos e intentar aprender para cuando nos encontremos ante una situación parecida.

 

Otras veces, la persona decidirá no perdonar porque no contempla la posibilidad de que haya un entendimiento. Dependerá de variables como la gravedad del daño, los valores personales o la motivación. Está en todo su derecho si no desea ni necesita ese perdón.

 

La decisión acertada es aquella que nos aporta  tranquilidad, protección y congruencia con nosotros mismos.

 



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